CHARLES WAUGHAM, LA HISTORIA NO CONTADA (III)

A un año vista del final de la guerra, encontrándose su división a la altura de Ypres, su compañero Simons sufrió un ataque de pánico. No debía ser el primero por cuanto era el más psicológicamente inestable de la pareja. Si en el momento de conocerse ya mostraba un comportamiento desequilibrado e influenciable, su carácter se había ido agriando a lo largo de aquellos dos años de lucha. No soportaba a su lado más presencia que la de Waugham y, con frecuencia, se veía envuelto en peleas de las que no acostumbraba salir muy bien librado. Charlie sacaba al indefenso Billy del lío y luego se fumaban juntos un cigarrillo.

Los alemanes estaban batiendo la zona en la que se encontraban con un fuego regular. Los ingleses esperaban adheridos a la pared de la trinchera el momento del ataque. Fue entonces cuando, aparentemente, Simons perdió el juicio, prorrumpió en gritos, se rasgó la guerrera, arrojó el casco y, sin tiempo para la reacción, saltó fuera de la trinchera y corrió hacia la tierra de nadie.
FILM: Battle of the Somme (1916)DVD is a Network and StrikeforcA los pocos pasos, un schrapnel lanzado a bocajarro lo partió por la mitad. Waugham, que se había asomado en un desesperado intento por sostener a aquel maníaco, recibió como un escupitajo en la frente el impacto de una porción de los sesos de su amigo, al tiempo que veía los restos de éste, compuestos tan sólo por torso, brazos y cabeza, contonearse durante un instante como una marioneta antes de quedar finalmente inmóvil.

Mientras caía al fondo de la trinchera, Waugham pensó estúpidamente en su niñez, cuando cada miércoles que daba inicio a la Cuaresma, el padre Gradey – el seboso cura de su parroquia que tal parecía un globo Montgolfier de lo inflado que estaba – untaba su frente con ceniza – ego te absolvo pecatis tuis – en un ritual de confuso misticismo. Sus amigos del barrio sugerían maliciosamente que esa ceniza era en realidad la transmutación del semen de Cristo, una semilla con milagrosos poderes curativos y fertilizantes.

El joven Charlie decía no tragarse semejante bulo pero, de todos modos, se cuidaba mucho de mantener esa ceniza pegada a su piel durante el mayor tiempo posible. Así ungido, se consideraba inmaculadamente intocable, rodeado por un halo protector que alejaba de su cuerpo todos los males de este mundo. Aunque, inevitablemente, la ceniza acababa siempre por desvanecerse en el viento, abandonándolo al albur de las potencias oscuras.

Cuando sus compañeros fueron a socorrerle, Waugham reaccionó violentamente sacudiéndose la presencia de quienes querían incorporarlo. Gritaba como un poseso “¡¡¡JESUCRISTO, JESUCRISTO!!!” mientras se esparcía por la cara la materia gris del camarada muerto. Se necesitaron seis tipos para reducirle, temerosos todos de que este nuevo loco siguiera los pasos del anterior.

Tras una investigación rutinaria destinada a arrojar un manto de oscuridad sobre el inexplicable suceso, Waugham fue recluido durante dos semanas bajo observación en un hospital de campaña. El ejército, que no entiende de psicología, necesitaba a todos los hombres aptos para el combate. En consecuencia, los médicos concluyeron que el paciente había superado el trauma con una gran serenidad de espíritu y recomendaron su reincorporación a filas.

Pasaban inadvertidos para el miope ojo clínico de los galenos los espasmos que le sobrevenían esporádicamente, las terribles pesadillas o sus derrumbes anímicos. Claro que la posibilidad de acabar internado en un manicomio de la época resultaba casi tan peligrosa como volver al frente.

La contribución de Charles Waugham a la victoria final llegó a su fin en el último verano antes del armisticio, cuando los alemanes echaban el resto en el Marne reforzados con adolescentes famélicos y ancianos que apenas podían sostener un fusil. Aquel modelo de maquinaria bélica admirado en el mundo entero había quedado reducido a un exhausto guiñapo que habría hecho enrojecer de indignación al mismísimo Bismarck.
nla_mus-an12885134-s1-vSin embargo, aún tuvieron oportunidad de horadar un boquete en la piel de Waugham, una herida que le valió el pasaporte de vuelta a casa. No fue para él un “long way to Tipperary” sino más bien un retorno avinagrado por la incertidumbre del “qué diablos hago yo ahora”. No había ninguna Molly O´ esperándole y, desde luego, no se veía con ánimo de despedir a Piccadilly, el Strand y Leicester Square antes de tomar el tren de vuelta al Lancashire.

De todos modos, nunca le atrajeron las mofas británicas hacia la campestre simplicidad irlandesa. En cambio, Manchester lo recibió del mismo modo en que lo despidió. Su padre, un poco más borracho de lo que estaba dos años antes, lo paseó de nuevo por los mismos pubs y su madre abrazó al mismo niño al que tanto había llorado. Nadie parecía notar que el adolescente se había hecho hombre, que había madurado del modo más imperfecto y artificial.

Como tantos otros chicos de su generación, había acudido a la guerra con la inconsciencia de la juventud y la mente lista para atiborrarse de experiencias nuevas y excitantes. Como muchos veteranos de su edad, regresó como una cáscara hueca incapaz de asumir lo que había vivido, enterrados los recuerdos en lo más profundo de su ser. Lo habían armado para enfrentarse a las balas y los obuses pero ninguna instrucción había recibido para retomar con solvencia una vida desgarrada por la muerte y la violencia.

Incapaz de adaptarse, temeroso de tomar las riendas de la vida en sociedad, se enclaustró en el mismo cuarto que lo vio crecer, abrió las mismas libretas que había garabateado hacía siglos e inició los bosquejos de lo que yo ahora tenía entre manos.

La señora Waugham urgió a su hijo a reencontrarse con Dios, y Éste retribuyó a la solícita madre inoculándole involuntariamente la gripe que en pocos días acabó con su vida y la de su hija. El Altísimo debía haber estado ausente de escena los últimos cuatro años porque no se le ocurrió otra cosa que enviar la epidemia “española” para compensar a los caídos en el frente con un número todavía mayor de bajas civiles.

(Finaliza en la próxima entrada)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s