Y esto de qué va…

Es la pregunta que más a menudo me formulan en relación a La Estrella de Samarcanda. Suelo responder, ya casi de forma automática, que se trata de una novela de aventuras, con cierto trasfondo histórico y político, mucho humor y una buena dosis de mala leche, y cuyo leitmotiv es la tradicional búsqueda del tesoro.INSPIRARMe doy cuenta de que pronuncio la palabra “aventura” con la boca pequeña, casi acomplejado, en la creencia de que mi interlocutor considerará este libro como algo menor, un pasatiempo para críos. No necesariamente es así, claro, pero ese temor me demuestra que yo mismo estoy anclado en un razonamiento erróneo pero ampliamente extendido.

Por ello quiero reivindicar la aventura como género, como CULTURA con mayúsculas. La aventura junto con su compañero inseparable, el viaje. Pues la aventura es siempre viaje, literal o metafórico. Viaje hacia lo desconocido, viaje hacia el conocimiento, siempre un poco más allá. Y es que la aventura es – al menos, puede ser – revolucionaria y subversiva.

Decía Milo Manara en su introducción a las aventuras de Giuseppe Bergman que la aventura es el muelle que nos hace levantar la cabeza y preguntarnos “¿por qué?” ¿Por qué aceptar una vida de mediocridad y sumisión, atados (los afortunados, ahora) a trabajos alienantes y mal pagados, esclavos de una existencia basada en la posesión, huyendo de la condición de desposeído?

Hace unas semanas releí esos viejos comics con renovada avidez, no solo por regodearme en la contemplación de las bellas muchachas que tan bien sabe dibujar el maestro de Luson, sino porque ansiaba encontrar la respuesta a esa pregunta.

No sé si la he hallado pero, desde luego, me he sentido plenamente identificado con su sencilla argumentación. Una intro escrita hace más de 30 años y que sorprende por su validez y actualidad. He aquí lo que escribía el italiano:

“No es casual que en una novela de autor, en las galerías de pintura y en los conciertos importantes busquemos en vano rastro de la aventura. Ya no existe la gran tradición de la literatura anglosajona de este género, salvo en lo que respecta a la literatura juvenil. La cadena de montaje la ha enterrado para siempre.

A menudo se oye decir que hoy día ya no es posible la aventura porque el mundo ha cambiado. En realidad, lo único que ha cambiado es nuestra cabeza. Es la clase de civilización en la que nos vamos hundiendo lo que está a punto de matar a la aventura y es precisamente la aventura lo que puede salvarnos de esta clase de civilización. La aventura como cultura, como ética, como modo de vida. La aventura no es seguir pasivamente los acontecimientos. La aventura es autodeterminación.

La cultura oficial nos obliga a atrincherarnos en casa, atrancando puertas y ventanas, temblorosos, con el oído atento a escuchar las bombas que estallan fuera y los ojos clavados en la tele para saber qué sucede al otro lado de la puerta. La aventura, en cambio, nos impulsa a levantarnos, a salir, a mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: Pero, bueno, ¿qué diantre ocurre?

Yo, por lo menos, voy a intentarlo. Y para empezar lucharé contra todos los que quieren relegar la aventura al guetto de la subcultura, contra los que dicen que aventura es evasión, contra los que distinguen la aventura del compromiso, contra los que se sirven de la aventura para hacer digerir mitos y modelos de vida.

Pero ¿qué es La Odisea sino un extraordinario relato de aventuras? ¿O acaso es literatura de serie B? De ninguna manera es casual que Dante eligiera a Ulises como símbolo de la aventura en la Divina Comedia: Fatti non foste a viver come bruti…

Cuando comprendemos que los dueños de nuestra civilización quieren hacernos vivir exactamente como brutos, arrojándonos para siempre al vórtice trágico, producir y consumir, entonces nos damos cuenta de que la aventura es algo más que un pasatiempo.

La aventura es Lucifer que te tienta y seduce. La aventura es lo que en este mismo instante te hace levantar la mirada y decir: Pero ¿por quién se toma el plomo este que me da el coñazo con tanto rollo sobre la aventura? Ahora mando a hacer puñetas este libro, me levanto y me voy, me voy, me voy…”

Al igual que Milo, al igual que mi protagonista Charles Waugham, yo también estoy preparado. Qué más hay que añadir…

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